La cultura como herramienta, la participación como método.

 

Pregúntese por un momento qué es la cultura. Da agobio, ¿verdad?. Respire, no se flagele, la propia UNESCO lleva más de treinta años usando la misma definición para no tener que volver a complicarse la vida. Definir unidireccionalmente lo que es la cultura es tan arrogante que no vamos a permitírnoslo (para eso ya están la UNESCO, la Unión Europea y ese cuñado suyo que lo sabe todo).

Sea como sea, la cultura es un bien, un bien común, y por ello pertenece a todas las personas. La cultura no puede ser secuestrada por las administraciones, ni por el mercado, ni siquiera por los profesionales o los artistas.

La cultura es además un bien necesario, como el agua, pero también es usurpada según distintos intereses: adoctrinamiento, especulación, lucro, hedonismo… Es legal que la administración, en su responsabilidad ética, provea de (su) cultura a la población. Es lógico, en un sistema socioeconómico mercantilista, que la (su) cultura tenga precio. Es positivo que los profesionales vivan a partir de la dinamización de la (su) cultura, y es normal que los artistas crean que basta con gozar de la (su) cultura.

 

 

logo la culpable

 

 

Pero para La Culpable, la cultura no es un fin, sino un medio más para alcanzar la cohesión social. Debe construirse entonces por medio de la participación, pero una participación horizontal en la que todos los implicados cuenten con las mismas oportunidades (risas).

Adiós al teocentrismo cultural, adiós al criterio económico, adiós a la tecnocracia y adiós al elitismo. Es hora de recibir a la diversidad, utilizando (qué fuerte) la cultura como herramienta social, y abordándola por medio de la participación ciudadana, argumentando que no hay cultura, sino culturas, demostrando así que es imposible encontrar una maldita definición única.

 
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